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23 de abril

Sueño
Palabras bajando de los muros
Desliéndose
Palabras como armaduras
Protegiendo las miradas
Palabras como puentes para pasar sobre el río de las propias palabras

Un libro a lo lejos sonríe
Cree saberlo todo
Y lo sabe

Nosotros
Criaturas hechas a imagen y semejanza de la palabra
Seguimos aprendiendo
Nadando
Llorando
Recogiendo una que otra para hacer poesía
Como si de eso dependiera nuestra supervivencia en el planeta
Ríos
Marea de palabras
Y un poeta que no sabe nadar
Y salta de adverbio en adverbio
Mientras los libros ríen
Cómplices de esa suerte de suicidio inevitable que sigue siendo la poesía….

claves

tantos números para pasar las puertas
las claves
los secretos
números y letras que se ordenan
que buscan abrir
cerrar
secretos
silencios

antes
todo era más fácil
el cuaderno
las cartas
estampillas

no se necesitaban las claves
y el control remoto tenía solo el botón de encendido y volumen

calendario

jugar a la rayuela
saltando del lunes en su solo pie
al jueves en dos,
con la ficha sobre el viernes para caer
en sàbado y domingo

domingo tarde
diseñado para dar la vuelta
pensar
sentir
regresar a ver el lunes siguiente y saltar

a veces el tiempo como rayuela
con premios
pisadas de lìnea
y abajo
el abismo

porque todavía hay gente que manda mensajes de amor en botellas virtuales

al pasar las páginas de los libros viejos
al rebobinar cintas de video
de cassettes (de esos que se rebobinan con esferos bic)
al recoger la basura
al volver la vista atrás por sobre el hombro

al escucharte respirar
mirando el piso -camino previamente recorrido-
al sonreir
al insomniar -palabra que no existe, pero debería-

al mirar tus manos
las mías
tus ojos
los nuestros
el amor
ni mío ni tuyo ni nuestro
solo el amor sin posesiones

te miro y estoy seguro
sonrío
te convoco
y todo se pone en un misterioso
desorden
parecido a la felicidad….

Ha muerto Wislawa Szymborska

La habitación del suicida 

Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?

Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.

No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

 

poemas de la antologìa “Apartar lo blanco de la luz”, edición bilingüe español francés

sol
                                               ”sous les pavés, la plage” nanterre, mayo 1968

debajo de la arena de playa no están los adoquines de parís

los hemos buscado

cavado

barrido

soplado

 

y por más húmedo que esté el sol

bajo esta arena, no está parís

 

Soleil

                                               ”sous les pavés, la plage” nanterre, mayo 1968

sous la sable de la plage on ne trouve pas les pavés de paris

nous les avons cherchés

nous avons creusé

balayé

soufflé

 

et le soleil a beau etre humide

paris n´est pas sous ce sable.

sapos del barrio

En mitad del insomnio
De la noche helada
De la soledad
El silencio
Las nostalgias
Cantan
A lo lejos
Como si solo de eso dependiera su vida
Mi vida
La vida

Un par de gallos con el reloj biológico dañado lea hacen coro
Pero
En medio de la lluvia
La noche
La vida
Ellos
Despreocupados
Croan
Creen
Cantan

letras letras

un mercado de pueblo
una plaza
la playa con anuncios publicitarios
afiches de cerveza
humo de ciudad
en todas partes
la palabra prevalece

letanía de un cura aburrido
gritos de un polìtico trasnochado
susurros de amor en el oìdo
gritos en un estadio
la palabra
bendita
en todas partes

la palabra

feliz año nuevo

poema del costarricense Jorge Debravo

CREDO
No acostumbro a decir amo, te amo,
sino cuando el amor me inunda todo
desde los ojos hasta los zapatos.
Mi cuerpo es una sola verdad y cada músculo
resume una experiencia de entusiasmo.

Una vez dije: ¡sufro! Y era que el sufrimiento
agitaba a mi lado sus cascos de caballo.

Y siempre digo: espero. Porque a mí me podrían
arrancar el recuerdo como un brazo,
pero no la esperanza que es de hueso
y cuando me la arranquen dejaré de ser esto
que te estrecha las manos.

Creo en todos los frutos que tienen jugo dulce,
y creo que no hay frutos que tengan jugo amargo.
No es culpa de los frutos si tenemos
el paladar angosto y limitado.

Creo en el corazón del hombre, creo
que es de pura caricia a pesar de las manos
que a veces asesinan, sin saberlo,
y manejan fusiles sanguinarios.

Creo en la libertad a pesar de los cepos,
a pesar de los campos alambrados.

Creo en la paz, amada, a pesar de las bombas
ya pesar de los cascos.

Creo que los países serán un solo sitio
de amor para los hombres, a pesar de los pactos,
a pesar de los límites, los cónsules,
a pesar de los libres que se dan por esclavos.

Y creo en el amor, en este amor de acero
que va fortaleciendo las piernas y los brazos,
que trabaja en secreto,
a escondidas del odio y del escarnio,
que debajo del traje se hace músculo,
órgano, experiencia, nervio, ganglio,
a pesar del rencor que nos inunda
el corazón de funerales pájaros.

Yo creo en el amor más que en mis ojos
y más que en el poder y el entusiasmo.

 

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