desde un baúl

mi abuelo era poeta. me acompañaba todo el tiempo a cortarme el pelo (sin duda me hubiera retado terriblemente por el pelo que llevo largo desde el 88), pero mi abuelo era un cómplice maravilloso. en estos días de vacaciones escolares recuerdo que un paseo maravilloso era ir a pasar en casa de los abuelos. no era uns hacienda, no tenía vistab al río. era un departamento màgico con vista a una calle cualquiera de apellido sànchez. pero era un departamento lleno de libros, de revistas, de largas horas conversando con mi abuelo (cuando él se nos adelantóa a la muerte, yo tenía 13 años, así que imaginar qué tan interesante era yo para sus charlas, es difícil de imaginar).
sin embargo, eran vacaciones geniales. comiendo el tostado de mi abuelita, tomando jugo de naranja y conversando con el abuelo hugo.
cerca del final de su vida, me pidió que escogiera los libros que quisiera de su inmensa biblioteca, pero yo no pude. mi abuelo estaba vivo y me era imposible llevarme sus libros, que eran sus hijos. tomé uno, escrito por él mismo y fue lo único que aun conservo.
esos recuerdos que se amontonan vienen con el sabor del dulce de chocolate que comíamos juntos metiendo el dedo y chupando, como dos niños mismo.
estos días de ir soñando e imaginando de nuevo la vida me acordé de mi abuelo. “el surtidor romántico” le decían. mi abuelo es poeta y, sobre todo, siempre fue un tipazo con este nieto que le salió pelilargo y refunfuñón…

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4 comentarios »

 
  • cc dice:

    Chévere historia, Freddy, sobre todo porque por tu periscopio nos podemos asomar a ver la magia de lo propio, lo nada, lo chiquito… lo que jamás se va. ¡Salud con choquilla por el abuelo!

  • F. dice:

    De seguro no era un tipazo sólo con el nieto sino un tipazo en general. Y eso es hereditario, si recibiste lo de poeta seguramente también heredaste lo de ser un tipazo y al final esa clase de herencias son las que importan.

  • T. dice:

    Mi abue se llamaba Rafaela, uno de los más hermosos nombres a mi parecer, le decíamos Quika desde que el mayor de mis sobrinos nació y no pudo pronunciar su nombre. Murió hace unos meses una semana antes de su cumpleaños… Mi abue no leía, salvo unos textos de la hermandad Rosacruz a la que su hermano pertenecía, él, graciosamente se llamaba Rafael, una familia podre y había que economizar nombres je je. Desde los 8 escribía por ella cartas, sus manos estaban bastante desgastadas por la artrosis, fue lavandera. Siempre pensé muchas cosas sobre ella pero tres las tengo bien claras: mi abuela es el más hermoso sauce que haya existido, su carita de tortuga tenía ojos como de niña de 3 años con un brillo especial y, finalmente, las más hermosas historias están en los libros que los abuelos hacen con su voz.

    Esperaré mi tema el viernes

  • Pilar dice:

    Mi familia emigro cuando yo tenia 3 años, mi abu dibu, se quedo solito en la Sultana de los Andes, pero mis papis nos llevaban a mi hermano y a mi todos los fines de semana, y desde luego las vaca, para verlo. Era el sufrimiento màs grande regresar el domingo. Su casa tenía el olor a gloria, tantos trofeos, medallas, condecoraciones y fotos que se tomaron desde la sala hasta el cuarto l. Todos lo conocían como Don Eva, tenía un carácter fuerte, de un hombre disciplinado, era entrenador de atletismo. Pero antes fue campeón sudamericano en varias disciplinas olímpicas,
    Yo fui la niña de sus ojos, me traía el desayuno a la cama ( una taza de Milo, el pan de la Vinesa con mantequilla y un par de huevos revuelto s en su mini paila de bronce) me peinaba con gran paciencia mi largo y rizado cabello, me subía en sus fuertes brazos, él tenia a sus 80 años unos músculos impresionantes, me enseño hacer masajes mientras me contaba su vida que siempre me resulto fascinante, a los dos nos encantaba el carnaval , salir en bici las tardes, el dulce de leche, los suspiros, el pastel de maduro, y como no los chocolates.
    Todos, hasta mis papis le tenían miedo, pero para mi, siempre será el hombre de mirada dulce y abrazos tiernos.
    Cuando murió yo tenía 8 años, y su corazón no dejo de latir 10 horas después de su muerte cerebral. Mi abu se despidió, ya desde el otro lado, mientras yo dormía, sentí su mano en mi cara, y su inconfundible olor. Y estoy segura que no ha dejado de ser mi cómplice desde arriba.
    Gracias por traerme a mi abu dibu de vuelta

 

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