primer día de clases

recuerdo los olores de mi primer día de primer grado.
lonchera nueva.
escuela nueva.
todo era nuevo.
me cuentan los mayores que solo lloré un ratito y que luego ya me puse serio, serísimo a hacer chistes (como siempre que me pongo triste).
recuerdo a los compañeros, llorando, lanzando sillas encima de la cabeza y recuerdo a los profes.
recuerdo mi primer día de universidad, pupitres chiquitos y verdes, compañeros de todo el país viajando miles de horas a vivir en cuartos diminutos y cervezas.
recuerdo mi primer día de profesor.
himno nacional.
silencio.
adustez.
todos de terno, excepto el nuevo (yo), que no me puse terno, porque no me gusta y porque no tengo.
recuerdo mi saco de lana largo y gris, mi pelo largo y la cara de no entender muy bien qué pasaba.
mis primeros alumnos de sexto acaban de cumplir su fiesta rosada, quince años de graduados, y yo, fiesta rosada de profesor, con el mismo pelo largo, los lentes son un poco más cuadrados que entonces, la pasión por enseñar y leer espero que siga siendo la misma, y las ganas de compartir saberes, palabras, secretos y silencios.
ayer empecé clases de nuevo, el mismo brillo en los ojos de los estudiantes nuevos, el mismo sorprenderse de la magia de la literatura y la misma esperanza que este país tendrá en sus jóvenes siempre una esperanza.
(este post va dedicado al pancho, fue mi alumno, luego pasó a ser mi amigo, y desde que se adelantó a guardar espacio entre los escritores muertos es siempre un hermano presente más allá de la muerte, hace quince años lo conocí…)

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2 comentarios »

 
  • Pilar dice:

    Leer tus memorias es la llave mágica que abre despacito el baúl de los recuerdos, y en el pestañear prolongado acompañado un suspiro. Salió mi papi, con su terno caqui pulcro, barba poblada y una mirada entre feliz y triste, a mi primer día de jardín de infantes, yo feliz, en el camino me zafé las trenzas que no gustaban y me hice una cola, desde luego a la manera de una niña de 4 años. Luego él estuvo en mi primer día de escuela, colegio, otro colegio, hasta el primer día de la U (claro tenía 16 años y me podía perder), me dejó sentada en mi pupitre, y mis compañeros pensaron que era el profe, y en los años posteriores fue motivo de burla. Ahora es motivo de nostalgia, me gustaría volver a tomar su mano, abrasar su pancita, peinar su barba y hacer un tuto con su oreja. ( gracias!!! papito )

  • Dios, que lindo escribes, que alegría poder leer tus letras.

    eulalia

 

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